Emilio-Duro

 

Emilio Duró es una de las principales figuras del emprendimiento de nuestro país. Consultor y formador, lleva más de 25 años asesorando a algunas de las principales empresas españolas. Mañana estará en nuestro Foro Empresarial 2020 compartiendo su experiencia.

Os dejamos con un adelanto:

 

– ¿De qué nos hablará en el Foro Empresarial 2020?

En la conferencia busco reflexionar sobre las características que marcarán el mundo empresarial en el futuro. Vengo a aprender de los jóvenes, que sin duda son el presente y el futuro.

Parece claro que estamos en un mundo cada vez más globalizado, con un aumento espectacular del conocimiento, con el desarrollo de máquinas que nos van sustituyendo en algunos trabajos y tareas, con más riqueza que nunca, con un incremento espectacular de la inteligencia artificial, … Ante este entorno tan cambiante no podemos evitar sentir “respeto y a veces miedo” sobre nuestra capacidad para adaptarnos. Y el miedo nos paraliza. El miedo es la principal causa de infelicidad y hace que no demos lo mejor de cada uno de nosotros.

Paralelamente a esta mejora en las capacidades técnicas y conocimientos se está dando un aumento de las depresiones, alexitimias (incapacidad de expresar emociones), tristezas, ansiedades,  ….,  que no se corresponden con la realidad. Objetivamente vivimos con más bienes y comodidades que nunca.

Durante millones de años el único objetivo del ser humano ha sido sobrevivir. Y esta supervivencia se basaba en la fuerza. Vivíamos pocos años y moríamos jóvenes y fuertes. La supervivencia residía en la caza y la agricultura.

Hace unos 200 años, -relativamente poco tiempo comparado con el tiempo que lleva el ser humano sobre la tierra-, la riqueza se desplaza hacia los oficios y el desarrollo del “capital”. Pero los avances técnicos aún no permitían aumentar significativamente la esperanza de vida.

Posteriormente, en los últimos 100 años, el ser humano mejora la alimentación, los cuidados físicos, la salud, los conocimientos…, lo que conlleva un incremento en la longevidad de la especie. Durante gran parte del siglo XX el “éxito” se basaba en estudiar una carrera y/o especializarse en una profesión que nos permitiese vivir el resto de la vida.

Pero de repente todo cambia. Los peligros ya no son físicos, vivimos casi 100 años, los conocimientos se duplican cada 2 años…, y el objetivo pasa de poner años a la vida a poner vida a los años. Se trata de vivir y no solo sobrevivir.

Ante estos cambios que se avecinan no basta con tener los conocimientos técnicos adecuados y vemos que, el carácter y actitud que adoptamos frente a la vida es uno de los factores clave del éxito y la felicidad. Sabemos que las personas optimistas rinden casi el doble que las pesimistas. De ahí la necesidad de desarrollar, no solo las aptitudes, sino también las actitudes correctas.

– ¿Qué le motiva para hablar ante los jóvenes empresarios?

La edad, aunque nos hace menos inteligentes, -ya que se mueren las neuronas-, nos hace más sabios a la hora de ver la vida en perspectiva.

Estoy convencido de que todos somos muy parecidos. Nuestros conocimientos, forma de ser, gustos, actitudes…, son genéticas o aprendidas. Si estoy en lo cierto, podemos copiar los mejores comportamientos de los demás y decidir aprender de los mejores. Y aprendemos por imitación y por amor.

Cuando definimos los objetivos en la vida, estos cambian en función de la edad. Así, si somos parecidos y vamos a vivir 100 años, no sería interesante preguntar a la gente centenaria ¿de qué se arrepiente en la vida? Una enfermera lo hizo durante muchos años y resume lo que le comentaron dichas personas en 5 puntos:

  1. Desearía haber tenido el coraje de vivir una vida fiel a mí mismo y no la vida que otros esperaban de mí
  2. Me gustaría no haber trabajado tanto a costa de la familia y la salud
  3. Me gustaría haber tenido el coraje de expresar más mis sentimientos
  4. Me gustaría haber mantenido el contacto con mis amigos
  5. Me gustaría haber sido más feliz

Por eso lo que me motiva es intentar ayudar a los jóvenes a no cometer algunos errores que yo ya he cometido y a facilitarles técnicas para enfocar la vida a largo plazo con una visión positiva y de trascendencia.

– ¿Qué consejo le daría a un joven emprendedor?

No soy nadie para dar consejos. Pero como no quiero evitar la pregunta, le diría que “regrese a los principios básicos de siempre”, que para mí son:

  • Que la empresa o el producto que desee desarrollar valga la pena para él y para la sociedad. Que se sienta orgulloso de su contribución a un mundo mejor.
  • Visualizar los resultados de forma positiva cada día, con un final feliz
  • Hacer algo que le apasione. La pasión es una parte importante de la felicidad
  • No quejarse nunca, afrontando el presente que se puede cambiar. Es la única forma de ser optimista
  • No rendirse, ser resiliente. Aprender a vivir con “las cruces que nos da la vida”
  • Estudiar constantemente
  • Trabajar duro
  • Ser humilde y saber aprender de los demás
  • Copiar a los buenos y pedirles consejo
  • No trabajar solo y buscar compañeros de viaje para los malos momentos.
  • Cuidar los cuatro cuadrantes de la vida: el cuadrante físico, haciendo deporte y alimentándonos bien; el cuadrante emocional, teniendo una vida emocional equilibrada con amigos, familia…; el cuadrante intelectual, que se desarrolla estudiando y, por último, el cuadrante espiritual, que es el que da sentido a nuestras vidas. Es el porqué vivir y no solo cómo vivir.

Seguro que me dejo muchas cosas, pero prefiero que cada lector las complete con sus experiencias personales

-Ante los tiempos de incertidumbre, perspectivas de desaceleración, virus, ¿cuál es la mejor técnica para mantener la motivación?

Creer en uno mismo y en lo que hacemos, hablarse en positivo, enfocar el presente, valorar lo que se tiene y no solo lo que nos falta, no aislarse y salir al mundo exterior, descansar y dormir lo suficiente, no autocriticarse, vivir con alguien que nos quiera, disfrutar el presente, juntarse con gente positiva, colaborar con personas con graves problemas que nos permitan relativizar la vida, no ver los problemas de la vida como algo personal, ser un paranoico a la inversa (que cree que el universo confabula a nuestro favor), hacer deporte, alimentarse bien, hacer una lista de las cosas positivas que tenemos y de las que tenemos que agradecer, bailar… Hay tantas cosas que se pueden hacer para aumentar nuestra alegría. La motivación depende más de nuestra forma de ver la vida que de la realidad. Como ejemplo todos conocemos personas que haciendo el mismo trabajo que otras, son más felices.

Al final la felicidad es igual a la diferencia entre la manera en que interpretas los eventos de la vida y tus expectativas de como ésta tendría que ser. Se trata solo de cambiar la mirada y ver lo bueno y no lo malo.

-Es usted asesor en algunas de las principales empresas del país, aunque sabemos que cada compañía es diferente, ¿existe un denominador común para el éxito?

Hay muchos denominadores comunes. Para mí el secreto está en la palabra sostenibilidad a tres niveles: el primero es ayudar a crear un mundo sostenible, el segundo tener una empresa sostenible donde prime la alegría, el buen humor, el compañerismo, el entusiasmo, la colaboración, el desarrollo de productos éticos y que valgan la pena, el conocimiento… Todos deseamos tener un trabajo digno y pensar que lo que hacemos sirve para algo. Y, por último, fomentar la sostenibilidad de las personas que la componen en los planos físico, emocional, racional y espiritual. Y no es una utopía.

Solo las empresas con un objetivo que valga la pena a largo plazo y que permitan desarrollar a las personas que la componen sobrevivirán en el futuro y atraerán talento. Poca gente trabajará solo por una retribución económica en el futuro. Se necesitarán proyectos que den sentido al trabajo.